B. URBANO V, PAPA
saints.labels.festividad19 de diciembre
saints.labels.paisFrancia

B. URBANO V, PAPA

"Papa benedictino del tiempo de Aviñón, recordado por su vida austera, sus reformas y su intento de devolver la sede de Pedro a Roma."

saints.labels.origen

Castillo de Grizac, Languedoc (actual Loira, Francia)

saints.labels.vida

1310 – 1370

saints.labels.reliquias

Sus restos se veneran en la abadía de Saint-Victor de Marsella (Francia), donde se levantó un sepulcro que desde la Edad Media ha recibido peregrinos agradecidos por favores atribuidos a su intercesión.

saints.labels.virtudes

Humildadsencillezespíritu de reformaamor a la Iglesiacelo por la educaciónprudenciafortalezacaridad con los pobres

saints.labels.patronoDe

Arquitectosprofesoresbenedictinosmisionerosuniversidades católicas

saints.tabs.biografia

Guillaume de Grimoard nació hacia 1310 en el castillo familiar de Grizac, en la región francesa de Languedoc. Entró joven en la Orden benedictina, estudió derecho canónico y teología y llegó a ser uno de los canonistas más respetados de su tiempo. Sirvió a la Iglesia como abad, profesor universitario y diplomático pontificio antes de ser elegido papa en Aviñón el 28 de septiembre de 1362, tomando el nombre de Urbano V. Como pontífice mantuvo un estilo de vida monástico muy sencillo, con hábito benedictino, insistiendo en la disciplina del clero, la corrección de abusos y la promoción de la vida sacramental. Impulsó la enseñanza superior: apoyó universidades ya existentes y favoreció la fundación o consolidación de centros como Pavía, Cracovia o Viena. Su gran objetivo fue restaurar la sede papal en Roma tras décadas de residencia en Aviñón. Logró regresar temporalmente a la ciudad eterna, donde comenzó la restauración de basílicas y edificios eclesiales y mostró una preocupación especial por los pobres. La presión política y las guerras le obligaron a volver a Francia, decisión que le causó un profundo sufrimiento. Murió en Aviñón el 19 de diciembre de 1370 y su cuerpo fue trasladado después a la abadía de Saint-Victor de Marsella, donde su tumba se convirtió en lugar de peregrinación. Beatificado en 1870, la Iglesia lo recuerda como un papa reformador, amante del estudio y de la vida monástica.